Hace 160 años, el valor superó al miedo.
Juan Antonio Alarco Espinoza, miembro de la Compañía de Bomberos “Lima”, se convirtió en el primer mártir del bomberismo peruano durante el Combate del 2 de Mayo.
En plena batalla, en la Torre de La Merced, asumió el lugar de un artillero caído, pronunciando estas palabras que quedaron en la historia.
Segundos después, entregó su vida en defensa de la patria.
Su legado fue reconocido por Mariano Ignacio Prado y hoy vive en cada bombero voluntario del Perú.